viernes, 19 de octubre de 2012

Rostros de la crisis. "Para Sandra, con amor"





Hola: 
Como os comenté ayer, la entrada de esta semana es un artículo de Rosa Montero publicado en el diario El País el pasado domingo 14 de octubre. 
Es una historia enternecedora y cruel que sigue poniendo rostros a la crisis, en este caso, con mucha dureza. 
Seguro que no os dejará indiferente (espero). 
Ya nos diréis que os parece ...
Buena semana



El hecho de escribir regularmente en un periódico tan importante y visible como El País hace que reciba numerosas cartas, tanto de papel como e-mails, mensajes a mi web, a Facebook o a Twitter. Y una buena parte de las personas que se ponen en contacto conmigo lo hacen para contarme algún problema, suyo o de alguien cercano, o para abogar por alguna causa por la que luchan. Son cartas a veces desesperadas, a veces desoladoras, a menudo conmovedoras, casi siempre sensatas. Vivimos en un mundo en el que el acceso a los medios de comunicación es crucial; cuando una persona ya lo ha intentado todo sin conseguir lo que necesita, sólo le queda el recurso de ser “visto”.

Muchas veces he partido de las cartas de los lectores para escribir artículos que, con suerte, han acabado teniendo cierto eco y trayendo consecuencias favorables. Lo cual me hace pensar, una vez más, en el privilegio de disponer del espacio mediático de mis colaboraciones; y en la responsabilidad que ello conlleva. A veces, como ahora, mi mesa está cubierta por una decena de mensajes diversos que parecen gritarme para que los escoja. Se me ocurre que este artículo es como una de esas playas batidas por las olas a las que la marea arrastra todo tipo de objetos: maderos hinchados y enredados de algas, restos de naufragios, plásticos diversos. El eco de otras vidas. Y es interesante, porque, a lo largo del tiempo, los materiales que el océano arroja van variando. Y así, ha habido épocas muy centradas en asuntos bélicos, por ejemplo; o en temas de mujeres, hijos y maridos; o en emigración. Ahora, claro, predomina la sucia marea de la crisis. Es una espuma gris que deja erizadas costras sobre la arena. Y, así, uno de los mensajes que más me han impresionado en los últimos meses, por su elocuente, heladora muestra de lo que es ser un parado de larga duración, fue la carta de una lectora que decía que no pudo ir a las manifestaciones contra los recortes porque no tenía dinero para el autobús.

Era como un mensaje desde Marte: si no tienes a alguien muy cercano padeciendo uno de esos paros largos, extremos y carentes de ayudas, es fácil ignorar la existencia de estos casos, porque el sistema los escupe al espacio exterior. Se quedan encerrados en sus casas, desarticulados y paralizados por la falta de dinero y por la angustia. Esa mujer, que escribía muy bien y probablemente había recibido una educación superior, no pedía nada. Tan sólo me informaba de su situación. Se lo agradezco. Pero creo que de todas las cartas que tengo sobre la mesa hoy voy a escoger una que no es producto directo de la crisis, aunque su ejemplo de implicación social y de empatía sea una buena receta para tiempos difíciles. Me la escribe Lola, de Sevilla, y dice que redactó su mensaje entre lágrimas porque acaba de enterarse de la muerte de la niña de nueve años, enferma de fibrosis quística, a la que daba clases dos veces a la semana a domicilio, “porque la pobrecita ya estaba demasiado cansada para ir al cole y ya no tenía suficiente con la bombona de gas que llevaba dentro de la mochila”.

Y si Lola me cuenta ahora todo esto es para que yo haga una llamada, en un artículo, pidiendo voluntarios para enseñar a los niños enfermos en sus casas o en los hospitales, un trabajo tremendamente necesario y para el que no hay gente suficiente. “Mi pobrecita Sandra ya casi no podía ni hacer manualidades conmigo, pero cada vez que yo aparecía por la puerta de su modestísima casa del extrarradio me reservaba una pequeña sonrisa, pues sabía que siempre le traía un juguetito o un cuento”, explica Lola, aún en carne viva por el fallecimiento de la niña.

Es una carta conmovedora, en primer lugar, por la evidente tragedia del martirio y el desperdicio de esa pequeña vida. Pero lo que más me impresiona de este mensaje, lo que me parece más maravilloso de esta Lola y de las muchas otras Lolas que por fortuna pululan por el mundo, es que, ante la pérdida y la pena, lo primero que se le ocurre es convertir ese dolor en algo bueno; y, todavía llorando, me escribe para usarme de altavoz y reclamar voluntarios.

Que no quede ni una Sandra sin ayuda, que no haya un sólo niño enfermo sin profesor. Esto, actuar, aumentar la empatía, ponerse en el lugar de los otros, es lo mejor que se puede hacer con el dolor, o quizá lo único. Es un viejísimo y hermoso recurso de supervivencia de los humanos. Lola termina su carta con una petición: “Si algún día escribes ese artículo, por favor, dedícaselo a Sandra”. Desde luego: para la pequeña Sandra, cuya muerte cruel e intempestiva quizá sirva, gracias a la fuerza y el amor de Lola, para lograr que haya algún voluntario más para otros niños.

12 comentarios:

  1. Vivimos en una sociedad en la que la mayoría de las personas ven lo material como una forma de vida, personas que creen que la crisis solo es apretarse el cinturón y pensar en el "ya pasará" y pensar en cosas en las que nisiquiera puedes llamar problemas , desgraciadamente esta situación está afectando a los mas débiles, y la gante que está más arriba no se da cuenta de todo esto...

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  2. Estoy totalmente de acuerdo con Laura. Además me parece increíble la fuerza de Lola que a pesar de su dolor y con lágrimas en los ojos escribió esta carta para concienciar a la gente a hacer voluntariado. Espero que esta noticia haya llegado a mucha gente para poder aportar aunque sea un granito de arena y llegar a hacer algo grande.

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  3. Hoy dia somos muchos los afectados por la carencia de trabajo y medios para cubrir la necesidades de esta sociedad consumista, pero este claro ejemplo, de que todos por poco que creamos poseer, tenemos mucho que dar, a veces parece que caminamos si ver a nuestro alrededor; lo que ocurre en muestro entorno, como si trataramos de no mirar la situacion de los demas; pensar que en algun caso, estamos en una mejor posicion que otros y que podemos ayudar con pequeños gestos como el de lola, animemonos todos a dar aunque sea un poco de nuestro tiempo para contribuir a la mejora de otras vidas.
    Algo se puede hacer, algo se puede mejorar, animo, que no sea necesario tener que saber del sufrimiento de esta niña indefensa que la muerte arrebato, que talvez, y gracias a una persona como lola tubo algunos momentos de alegria y amparo.
    Que no callen los medios que todos sepamos que podemos aportar.

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  4. En este articulo se ve claramente que hoy en dia las personas dan mas importancia a lo material, puesto que la mayoría de estas no realizan una ayuda si no esta remunerado y no se paran a pensar que fuera de la crisis existen casos muy complicados.
    Hay una gran falta de empatía, pero si nos parasemos a pensar y nos pusiéramos en el lugar de la otra persona creo que daríamos muchísima ayuda sin parar a pensarlo dos veces.
    De este articulo me quedo con la frase: “ Esto, actuar, aumentar la empatía, ponerse en el lugar de los otros, es lo mejor que se puede hacer con el dolor, o quizá lo único.”, ya que describe perfectamente mi manera de pensar ante estas situaciones.

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  5. La labor de Lola me parece estupenda,me cuesta reconocerlo,pero si me siento un poco indiferente,pues ya sabemos que problemas como este,peores o mejores,están a la orden del día,no creo que la solución esté en los voluntariados,pues no se puede vivir de ellos, mas que alimentar tu bienestar interior.Me parece una tarea que merece su reconocimiento pero no mas que muchas otras que nos ocurren en el día a día,hay gente que puede hacer labores sociales y habitualmente sus acciones,como persona,no valen mucho,al igual que el caso contrario,que no haya hecho un voluntariado nunca ni ninguna labor social y desinteresada y como persona sea un ejemplo a seguir.Ante todo reconozco la labor de los voluntarios,habiendo participado de ello."Se tú el cambio que quieres ver en el mundo" Nach

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  6. Es difícil expresar lo que pienso/siento sin "plagiar" los comentarios existentes, pero haré el esfuerzo...

    Vivimos en una sociedad egoísta, una sociedad en la que lo único que importa a cada individuo es él mismo, mirando para otro lado cuando aparecen desgracias como la comentada en el artículo.

    Todos queremos cambiar el mundo, pero ese cambio externo empieza por un cambio interno, pues no podemos criticar a nadie si luego somos los primeros en seguir los pasos de aquellos a quienes criticamos. En mi caso, el voluntariado que yo hago está remunerado, pero no es ese el motivo de que esté ahí metido porque no me importaría hacerlo gratis, es algo que a mi me llena, me hace feliz.
    No se puede obligar a nadie a dar ese paso porque es una de esas cosas que tienen que salir de uno mismo; no obstante, esos niños te lo dan todo y ¿qué piden a cambio? apenas un rato de estar acompañados o un cuento, como se cita en el texto.

    No puede explicarse con palabras lo que se siente al dar un poco de tu tiempo a las personas que más lo necesitan. ¿que no sirvo como profesor? da igual, ellos también necesitan reír, necesitan sentirse vivos porque para desgracias ya tienen sus enfermedades.

    Muchos nos quejamos de lo difícil que lo tenemos, pero siempre habrá gente que lo pase mucho peor que nosotros y a los que jamás les faltará una sonrisa... no voy a intentar convencer a nadie para que se meta de voluntariado porque hay muchas maneras de ayudar, pero sí pediría a la gente que empezara a pensar más allá del YO; si todos aportásemos nuestro granito de arena, no existirían las desigualdades sociales que, desgraciadamente, estamos viviendo en la actualidad.

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  7. Este artículo es una invitación a la solidaridad. Algo tan grande como dar todo lo que puedes sin recibir nada material, pero consiguiendo la gran satisfacción de ofrecer lo que tienes a cambio de sonrisas y agradecimientos.
    Me llama la atención ver que en esta sociedad donde todo se basa en la crisis, Rosa Montero, nos ofrece historias que invitan a dejar de pensar en este problema el cual incumbe a todos y a combatirla regalando nuestra ayuda.
    Me quedo con esta frase:"...aumentar la empatía, ponerse en el lugar de los otros, es lo mejor que se puede hacer con el dolor, o quizá lo único. Es un viejísimo y hermoso recurso de supervivencia de los humanos."

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  8. Cuando conocí a Rosa Montero personalmente, ella nos díó truquis para escribir novelas. Uno de los que más me llamó la atención tenía que ver con una novela de la época de las peleas entre caballeros. Decía que se leía muchos libros técnicos para informarse de la realidad de entonces, los nombres de las cosas, las metodologías y quehaceres cotidianos, de todo lo que podía llegar a pasar y cómo respondía la gente a aquello. Durante semanas no paraba de aportar datos a su investigación hasta el punto de hacerlo cansada mayormente. Pero decía, que para elaborar luego la historia era necesario tomar solo lo imprescindible de esa base, y no soltar luego el tostón: "como ya me lo he aprendido todo y me lo sé, pues ahora le suelto el ladrillo al lector", porque de esa manera no se va a ningún lado.
    De todas las cartas que tiene Rosa en la mesa, de todas las historias que necesitan ser contadas, de todas las Sandras que necesitan ayuda, la comunicadora elige esta. Pero yo creo que esta tampoco nos incumbe mucho por ser esta, quiero decir, que lo ocurrido con Sandra no solo pasó lejos de nuestra casa sino que ya pasó. Lo que dice iría por lo que representa en ese mar en el que las olas pueden llegar como tsunami silencioso. En este caso, podría decirse que la ola es el mar. Nosotros podemos captar la situación contada meramente como un suceso minúsculo más efímero que un choque de aguas contra las piedras (esta noticia quedará relegada en el propio blog).
    Como integradores, creo que primeramente debemos poner los pies a remojo, y es imposible que toquemos más agua que la que palpamos, y ver más lejos de donde llega nuestra vista, no podemos estar aquí y tomar en nuestras manos lo que corre más allá de nuestros brazos. Si se trata de ponernos a ayudar como voluntarios hagámoslo hoy con la gente a la que podemos acceder. Sí, empezando desde dentro y con aquello que nosotros queremos y somos posibles de hacer (y posiblemente con ayuda y contigo más).

    Jesús

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  9. El artículo consigue conmover y sensibilizar a la gente que, debido a la educación que recibimos y a la sociedad tan competitiva y materialista en la que vivimos, nos hemos vuelto unos egoístas y no nos damos cuenta de que, con muy poco esfuerzo y dando un poco de nuestro tiempo, podemos ayudar a mucha gente que lo necesita, y obtener a cambio un beneficio mucho mayor que un sueldo, que es la satisfacción de saber que hemos ayudado a otra persona.
    Sandra

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  10. Este artículo nos hace ver que hay que dar más importancia a este tipo de situaciones y ver por esas personas que están ahí.Lo único que necesitan es una compañía,amistad,alguien que les escuche para poder sobrellevar mejor la enfermedad que padecen.
    jessica

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  11. Voluntariad@, bonita palabra.
    Si la analizamos de cerca observamos la palabra " VOLUNTAD ". Ahi plasmo por tanto esta frase tan significativa:

    A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad. Victor Hugo(novelista francés)

    Volviendo a la carta, es real que hay muchos rostros como Sandra, detrás personas, sentimientos, etc, pero alomejor lo que realmente falta por parte de tantas personas es la voluntad de realizar ciertas acciones, muchas personas no salen porque no hay dinero para salir y alomejor no se dan cuenta de que el dinero no es lo que lo mueve todo. Todas tenemos fuerzas para realizar cualquier cosa que nos propongamos, reconozco la voluntad de Lola, tanto a la hora de cuidar esa niña, como a la hora de intentar abrir los ojos a cientos de miles de personas que están cegadas por las situaciones y sociedad actual.
    En tiempos de crisis ciertas personas se vuelven más humanas y solidarias, ya que es ahí que empiezan a valorar lo que tienen y a observar su alrededor.

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